viernes, 24 de junio de 2011

"Buscando el Debate"




Qué cosa rara el peronismo. Sabe ser profundamente odiado por los sectores reaccionarios y patronales de éste bendito país. Sabe interpretarse como el monstruo invertebrado que impide el acceso a la conciencia de clase desde una visión marxista. Es la eterna fachada que impide una visión clara de las cosas, de la historia, de su evolución acorde a su sentido. “¡Nefasto el comienzo del peronismo!” , piensan y odian en ése mismo pensamiento los sectores de la izquierda científica y lúcida que ven en ésa demagogia una gran pared que impermeabiliza el acceso hacia la realidad.


Qué cosa rara el peronismo. Desde donde uno se pare, como la realidad misma, desde donde se la quiera interpretar, según el cristal con que se mire, las cosas se leerán de distinta manera, y se sentirán también en forma desigual.


Para los sectores reaccionarios es demasiado bienestar para las clases del barrio. Desde la posición radical revolucionaria, es escaso, son apenas migas del total de la torta. Es apenas un conformismo que impide lograr un giro total.


¿Nos estamos perdiendo de algo en éste análisis? Sí, y es algo muy importante, que suele perderse entre el desmenuzamiento de conceptos tan abstractos. El poder. Palabra fuerte y caótica si las hay. Lleva en su estigma algo que los sectores ultra revolucionarios no saben tener en cuenta algunas veces. El eterno conflicto, la lucha real desigual, la imposición de unos sobre otros, su sometimiento a modo de dominación, la sutileza del engaño por el interés en un arte de rodeo que conforma, bien diría Maquiavelo, ésa capacidad para mover piezas en un juego estratégico de suma cero.


¿Es el peronismo poder? Desde una posición política se puede decir tal vez que sí. Los más convencidos se van a preguntar: ¿Cómo puede usar el término “tal vez”?, si éste invita a la duda. Bueno, en la duda está la ausencia de certeza, y por éste camino se puede llegar a pensar si realmente el poder está en el peronismo. Si está en el peronismo es porque está en la política. Volvamos entonces a replantearnos aunque sea tedioso: El poder…¿Está en la política?.


Por medio de la política éste gobierno supo estirar la línea sobre qué se entiende por derechos de los ciudadanos. Siempre visto desde las patronales como “un estado fagocitador” y desde los autodenominados revolucionarios de izquierda “apenas caramelos para los que todavía no se avivan”.


¿Cómo puede ser que, desde éstos últimos, que bien saben llamar y pedir por la “lucha del movimiento obrero”, los relegan cuando el grueso de éste movimiento sabe identificarse fuertemente con Perón, Evita y Néstor? Es decir, con la doctrina peronista, con sus miles de contradicciones internas, como bien sabe ser la sociedad.
El peronismo es ése conglomerado, ésa batalla interna política que sabe encarnar dentro de sí los problemas propios de la sociedad misma.


¿Será posible una radicalización del modelo? ¿Es el kirchnerismo distinto del peronismo?.


El peronismo es algo que, los que dicen identificarse, dicen sentirlo. Llevan en su pasión la esencia de un proceso histórico que fue variando muchísimas veces a las largo de más de 60 años de existencia.


Para la izquierda consciente es la imposibilidad revolucionaria, la valla que incomoda el salto hacia un estadío paradisíaco, donde, al cabo de un tiempo, y siguiendo el profundo sentido inexorable de la historia, va a saber plantearse como una sociedad sin clases.


Pero volvamos a una cuestión que no sabe cerrarle a éste escritor en éste momento. La mayoría de la clase obrera, sino la mitad más uno del país, es peronista, y hoy en día su identificación pasional se encarna en el Kircherismo. El movimiento obrero, ¿Quiere realmente una revolución tal como pretenden ésos sectores elitistas-intelectuales de la izquierda lúcida y racional? . “Hay que ascender hacia la voluntad popular” sabía decir, palabras más, palabras menos, Mujica.


¿Se interpeló realmente a la clase obrera de éste país sobre qué es lo que quiere?.

De algo estamos seguros entre tantas preguntas sin respuesta que nos planteamos en jóvenes reflexiones. La pasión de las personas forman a los grandes movimientos que dan que hablar en los continentes. No se puede querer intentar escindir la pasión de la racionalidad. Ésa verdad de corte positivista intenta esconder, fina y sutilmente, las enormes pasiones oscuras y sombrías que tiene la racionalidad en ése cálculo feroz para apropiarse cada vez más de todo.


Escuchemos más al corazón y a las pasiones obreras. Hoy en día, ésas mismas identificaciones de la mayor parte de la clase popular sabe ser nacional….sabe estar bajo una bandera que realza el simbolismo de “Justicia social” como una batalla a dar progresivamente, gradualmente.

Ésa voluntad popular, perdón, ésa voluntad nacional y popular… sabe ser Kirchnerista.








Leandro Basanta

1 comentario:

Cherka dijo...

Muy bueno che. Ando con poco tiempo, asi que te termino acá el comentario. En ¿una mateada? lo conversamos bien.