jueves, 17 de mayo de 2012

La Ruptura en Crisis

2012, año 4 de la crisis financiera-económica global. La crisis que tuvo punto físico de partida en los Estados Unidos, pero que como víctimas (o no) de un mundo (cada vez más) globalizado, se extendió rápidamente y que con el tiempo se fue agudizando. Luego dio algunas muestras de superación, pero estas rápidamente fueron socavadas por una nueva fase de ésta que, al parecer, promete mostrarse como la grieta más profunda. Se podrían analizar una enorme cantidad de causas y consecuencias del por qué y el cómo de esta crisis, pero escojo detenerme en algunos elementos que arroja de índole sociopolítico; más que nada en los puntos de quiebre que luce el panorama sociopolítico en Europa y Estados Unidos. Sin lugar a dudas, esta crisis presenta nuevos paradigmas, y, anclado en este mar de análisis e interpretaciones de todos los colores, creo desde mi humilde opinión, que estamos lejos de ver el fin del capitalismo como afirman desde algunos sectores del marxismo. Me arriesgo a jugarme por lecturas menos apocalípticas que auguran un estrepitoso y certero final del sistema capitalista que rige desde hace cuatro siglos. En este sentido, yo me inclino más por un cambio en los paradigmas sociales y económicos que pueden provocar una crisis profunda al interior de las diferentes corrientes del liberalismo y la aparición de alternativas como la socialdemocracia, y, en un sentido más esperanzador, similares a los populismos latinoamericanos actuales. Sin embargo, aunque la cuestión económica sea la principal y más relevante cuestión en torno a la crisis, es por lógica que en términos más generales y abstractos es la madre de todas las consecuencias que pare. Y es una de ellas donde me quiero detener: la ruptura, el resquebrajamiento en términos políticos y perceptuales del sistema político (principalmente europeo y estadounidense). Por estos días, nos vemos atravesados por las elecciones en Francia. Allí, ocurren una serie de hechos políticos muy particulares. Por un lado, y como dato más sobresaliente, el socialdemócrata François Hollande, candidato por el Partido Socialista Francés, resulta electo como Presidente siendo el segundo Presidente socialista en Francia (antes había sido el histórico François Mitterrand). La cuestión general al caso francés que se reproduce también en casi toda Europa, es el voto castigo hacia los oficialismos. Esto responde a dos factores sociopolíticos: el primero es que al tener una profunda crisis e inestabilidad económica, los oficialismos no pueden gobernar tranquilamente; lo que además repercute en las economías de los votantes y, que al ser el área más sensible en un país, provoca movimientos volátiles y bruscos en estos. Por otro lado, y como segundo factor, aparece la inestabilidad institucional que ha provocado esta crisis y que deja expuesta de manera crítica todo el sistema vigente por parte de grandes sectores de la población, lo que por naturaleza, resulta un enorme obstáculo para que los oficialismos puedan desarrollarse con plena libertad. Pero atendiendo a la esencia y núcleo de este artículo, es importante remarcar la irrupción en la arena política la figura de Marine Le Pen, representante de la extrema derecha francesa, a la cabeza del Frente Nacional. La aparición de Le Pen –que si bien no es novedosa para el interior del espectro político francés ya que su padre accedió al ballotage en las elecciones presidenciales de 2002 y se había consolidado como la tercera fuerza tras las parlamentarias de dicho año– forma parte del cada vez más común (y natural) cuestionamiento que nace hacia el propio sistema capitalista. Cuestionamiento que trae esta expresión sociopolítica y que estalla en el corazón del capitalismo, es decir, al interior de occidente. Pero, como decía anteriormente, Le Pen no es una cuestión aislada y exclusiva de Francia, por el contrario, vemos como en Estados Unidos surge un movimiento político como el Tea Party con matices de todo el arco de la derecha que van desde el liberalismo libertario hasta el ultraconservadurismo. Este movimiento que cuestiona el rol y hasta la existencia del Estado, el sistema político bipartidista, con claros y profundos sentimientos xenófobos y racistas, emana de esta crisis y representan una forma de ruptura con el sistema que lo hace por y hacia la derecha. Dichas experiencias, se contraponen y contrastan con los movimientos de indignados de España, Inglaterra, Grecia o el “Ocuppy Wall Street” que muestran tener un cuestionamiento tirando más por izquierda, y si bien tienen un volumen y una capacidad de movilización importante, parecen carecer de organización que los estructure y ordene para permitirles avanzar en pos de objetivos, metas y resultados reales y certeros que logren promover el cambio. Esto queda en evidencia cuando por ejemplo en España su “rebelión” y el llamado a no votar, tiene como resultante que arrase la derecha conservadora que profundiza el ajuste y el achicamiento del Estado y en efecto la crisis. Otro caso producto de su inorgánico agrupamiento, es Grecia donde al igual que España, con los mismos pasos, el conservadurismo obtuvo la Presidencia del Gobierno y hasta por primera vez en su historia, el Partido neonazi logra ingresar al Parlamento, obteniendo 21 escaños. Probablemente estos acontecimientos de la esfera política europea tengan una mayor repercusión y cobertura mediática porque ocurre en lugares geopolíticos estratégicos y céntricos del sistema capitalista que funcionan como una suerte de “caja de resonancia” donde, con la ayuda de la globalización, impactan fuertemente al resto del mundo revotando con más fuerza. Pero, a modo de conclusión, esto nos muestra las dos formas en cómo se está dando el cuestionamiento hacia el núcleo del sistema y desde que lados puede darse la ruptura. Al mismo tiempo nos muestra que la falta de organización y estructura de toda esa masa junta, pero no agrupada, solo encuentra (hasta el momento) un alto grado de ordenamiento en el ala derecha, mientras que se expone la debilidad por quienes sostienen una crítica desde un costado más de izquierdista. Quizá, el gran desafío no solo sea la estructuración de esa masa, sino también, que rompa con los viejos paradigmas de la política liberal europea, mostrándose como una clara y real alternativa, y fundamentalmente con el surgimiento de cuadros políticos capaces de conducir y liderar dicha alternativa y no quedar como un mero recuerdo de un movimiento social con poca trascendencia en la historia. En otras palabras, que se rompa, pero que se rompa por izquierda. Martín Szulman. Buenos Aires, Argentina.

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