jueves, 4 de abril de 2013

El maestro ejemplar


Domingo Faustino Sarmiento es un nombre que nos inspira respeto y al que asociamos con grandes logros en nuestro país.
Nombre que fue enaltecido a través de la prensa y la política de su época, la generación del `80. Generación de un sector de la sociedad, podríamos decir un grupo de amigos.
Los mismos que enaltecieron a Rivadavia, Mitre, Alvear, Roca y alguno más. Como ya les dije, su grupo de amigos. Pero también condenaron al desprecio popular a los caudillos y a Rosas, líderes populares.

Es que ahí está el problema, en lo popular.

En los últimos años, gracias al trabajo de historiadores revisionistas, a la fuerza de las convicciones del gobierno nacional y de agrupaciones sociales, se han bajado varios cuadros. Literalmente el cuadro de Videla, pero también otros del inconciente colectivo, como en el caso de Roca, Saavedra, entre otros.

Desde un movimiento nacional y popular, tenemos que replantearnos quiénes son nuestros próceres, por qué lo son y si deben seguir siéndolo.

El valor máximo, que ha ganado el mérito de su apodo, es ser “el padre del aula”. El principal impulsor de la educación pública en nuestro país.
Paradójicamente, este mismo personaje, aborrecía lo popular, separaba la civilización (su clase y las conductas de la misma) de la barbarie (lo que quedaba fuera de la civilización, los pueblos originarios, los gauchos, sus costumbres, etc.). Estableciendo un paralelismo con la concepción del mundo de los romanos, en su época de apogeo, donde ellos eran la civilización y las demás culturas eran la Barbarie, lo inculto, lo
salvaje.

Sarmiento era una persona de avanzada en lo intelectual, estaba al tanto de las ideas de su tiempo en el mundo. Por ese entonces, las sociedades capitalistas industriales demandaban y exigían la adaptación de los sujetos a la maquinaria social, que requería mano de obra que nutriera el aparato productivo.
En este contexto se convierte tan necesaria la escuela, como dispositivo de transmisión y apropiación cultural. Es decir, para formar obreros e introducirlos en dicho sistema.

Pero, citando a Arturo Jauretche en “Los profetas del odio y la yapa”:
“La idea no fue desarrollar América según América, incorporando los elementos de la civilización moderna; enriquecer la cultura propia con el aporte externo asimilado, como quien abona el terreno donde crece el árbol. Se intentó crear Europa en América transplantando el árbol y destruyendo lo indígena que podía ser obstáculo al mismo para su crecimiento según Europa y no según América”.
“La incomprensión de lo nuestro preexistente como hecho cultural o mejor dicho, el entenderlo como hecho anticultural, llevó al inevitable dilema: Todo hecho propio, por serlo, era bárbaro, y todo hecho ajeno, importado, por serlo, era civilizado. Civilizar, pues, consistió en desnacionalizar –si Nación y realidad son inseparables-“.

Es decir que, para Sarmiento, progresar no significaba evolucionar desde la propia naturaleza de las cosas, sino derogar la naturaleza de las cosas para sustituirla.

Con estas citas se nos aclaran muchas cosas, incluso que llegan a nuestros días muy fuertemente. Ya Sarmiento comenzó a persuadirnos para que miremos hacia afuera, o hacia adentro, pero a los civilizados (que imitaban a los de afuera).
Sarmiento decía:
“¿Lograremos exterminar los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Son unos indios piojosos, porque así son todos.
Incapaces de progreso. Su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado”

Esta cita también nos trae al presente y nos recuerda el pensamiento de mucha gente que, maquillando su discurso, siguen diciendo lo mismo.
Entonces, lo que “el padre del aula” quería, era eliminar todo vestigio humano de Americanismo, para implantar aquí a europeos (sajones preferentemente) y a ellos sí, darles educación pública y gratuita. A ellos, a los de afuera.

Nosotros homenajeamos como el máximo educador a quien fue el mentor de la “Campaña al Desierto”, quien fue el impulsor de la “desnacionalización” o también podríamos decir de la “des-americanización” del país, quien aborrecía a las clases populares, las que ahora mayormente concurren a las escuelas públicas y lo homenajean en cada 11 de septiembre. Homenajean a ese que los aborrecía, que decía que hay que exterminar hasta al más pequeño (¿habrá presentido lo del voto a los 16?).

Reflexionando sobre problemáticas actuales, con esta perspectiva, vamos a poder entender mejor el rechazo que implican las restricciones al dólar, o a los viajes al exterior, entre otras cosas. Y claro, si hace más de 140 años, salvo algunos pequeños períodos, que nos han inculcado sobre valorar lo extranjero ante lo nacional. Y de eso Sarmiento sí fue padre.

Esta nota es con motivo a la celebración del día del maestro, pero según la misma, el motivo por el cual se celebra el 11 de Septiembre, no debería existir. Por lo tanto, y para no quedarnos sin día del maestro, humildemente quisiera proponer que se cambie la celebración para el 4 de abril, día en que la policía mató a Carlos Fuentealba en una manifestación docente.

Sería contraponer dos clases distintas de educadores:
Por un lado, Sarmiento, quien sin contemplar la realidad social y sin percatarse que todos esos planes de escritorio que desarrolla son para personas de carne y hueso, vivientes y cálidas; piensa la escuela como funcional al sistema capitalista productivo, donde se necesitan obreros, pero de determinada raza.

Por otro lado, tenemos a un simple maestro, podríamos decir uno más, un individuo, pero también podríamos decir uno más entre tantos, un miembro de la sociedad, del colectivo docente, que es asesinado por la policía, en medio de una manifestación por sus derechos, por los derechos de los docentes, y por lo tanto, por el bien de la educación. Una persona comprometida con su realidad social.

No podemos cometer el error de abstraer la educación del contexto histórico-social, y esto sucede en un marco de cambio de época, donde se comenzaba a revalorizar la educación para todos y se comenzaba a recuperar esa educación que fue bastardeada por mucho tiempo. Pero todavía quedaban resabios de otras épocas, que guardan el recuerdo de defender otros intereses, con pocos beneficiarios, pero muy poderosos.

En el Mausoleo de San Martín, en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, descansan los restos de San Martín, como general y estratega de los logros conquistados, también están los restos de los generales Gregorio Las Heras y Tomás Guido, como mano derecha del Libertador; y además están los restos del Soldado Desconocido de la Independencia, que son los restos de un soldado sin identificar, pero tiene principalmente un hecho simbólico, el cual es homenajear a todos los soldados que dieron su vida por la patria.

En este mismo sentido creo que es necesario darle a la celebración del día del maestro un motivo más digno, el de homenajear con la vida de Fuentealba a todos los maestros que día a día dan su vida en pos de la educación pública de nuestro país.


(Originalmente, esta nota fue pensada para publicarse el 11 de Septiembre, pero debido al cacerolazo ocurrido cerca a aquella fecha, quien escribe, prefirió postergarla para ser publicada en el que, a su criterio debería ser el día del maestro.)

Julián Cherkasky Rappa

sábado, 24 de noviembre de 2012

El congreso del progresismo

La situación parlamentaria, cuna de la tensión política en el juego propio de una democracia, suele representar a distintos sectores que encauzan en sus deberes y apuntes ciertas demandas de grupos sociales. De esta manera, la heterogeneidad es garantía de una disputa verbal, lingüística y concreta que tiene reales significaciones y repercusiones sobre la sociedad en sí. A su vez, cada partido político homogeneiza en su relato una pretensión de totalizar los reclamos llamando a necesidades propias de agenda como ‘la gente’ o ‘la sociedad demanda cambios’. Si una democracia política es la disputa de saberes diversos, parecidos y antagónicos en un plato de divergencias ¿A qué se debe la ausencia en el discurso del congreso íntegro a la asunción de la ‘derecha’? Curioso resulta ser que todas las fuerzas políticas dicen ser, al menos, de centro. El ‘progresismo’ es el término elegido por excelencia (que a su vez se distingue de recuerdos setentosos como ‘la izquierda’ o connotaciones negativas como ‘el zurdaje’). Es más que intrigante la ausencia reivindicativa de la palabra ‘conservador’. Mucho menos aún la asunción en una oración tal como: ‘tengo ideales de derecha’, que a su vez suena complejo y reduccionista, porque hay que definir en suma qué es la derecha. Este vocablo reivindicatorio sin embargo, está omitido del congreso de la nación Argentina. En el debate reciente que hubo entre Eduardo Jozami (intelectual director del museo Haroldo Conti en la ex-ESMA) y el legislador por el pro, el diputado rabino Bergman, este último habló de del jefe de la ciudad, (el ingeniero Mauricio Macri) como un ‘desarrollista y hasta progresista’ en sus accionares políticos. Jozami contestó que la primer afirmación era muy difícil de asumir, y la segunda le pareció un ‘disparate’. ¿Cuál es el temor de reivindicar en las palabras lo que se acciona en la práctica? ¿Cuál es el costo-beneficio de ocultar términos conservadores y, por el contrario, reivindicar slogans que están bien lejanos de las políticas que se emprenden en la ciudad de Buenos Aires? Mauricio Macri, ¿Habrá sacado en el año 2011 un 47% en primera vuelta de voto progresista? Foucault en su libro ‘Las palabras y las cosas’ realiza un análisis profundo sobre las mutaciones, ocultaciones, tácticas y estrategias que se disponen en ciertos momentos históricos con la finalidad de hacer pasar como verde algo que en realidad es rojo. La diversidad publicitaria que asume el gobierno de la ciudad de Buenos Aires, ¿se condice con la política efectiva que destina en barrios tales como Villa lugano, Villa Riachuelo o el Bajo Flores? ¿Existe alguna paradoja entre la mayoría obtenida de votos del Pro en estos barrios y la política aplicada en los mismos? Más preguntas que certezas, eso es lo que intentamos hacer y transmitir desde este más que humilde lugar. Alguna afirmación nos atrevemos a deslizar: el vocablo o la palabra ‘derecha’ se esfuma intencionalmente en los discursos de quienes las aplican en la realidad.

martes, 28 de agosto de 2012

¿Qué significa (hoy) El Eternauta?



La derecha ignorante y torpe que pretende gobernar en la Argentina ha cometido otro de sus grandes desatinos. Más grave que el del policía Palacios con el que pretendía cuidar nuestra seguridad. Más grave que la designación del desdichado y resentido Abel Posse, lleno de odio hacia los jóvenes. No, este error ofende profundamente a nuestra cultura y a la concepción de la defensa de la vida en la Argentina.
Aclaremos: ¿por qué El Eternauta es el símbolo de los nuevos jóvenes y también de los veteranos como el que escribe esta nota? Oesterheld nace en 1919. Fue el maestro de nuestra generación. De la generación que creció durante los años cincuenta. Hizo las mejores historietas (o literatura dibujada, como exactamente definió ese arte Oscar Masotta) de esos años. Primero en la revista Misterix, luego en Hora Cero y Frontera. Sé que esto no significa nada para el político joven, tan joven que lo desconoce todo, que gobierna la “culta” ciudad de Buenos Aires, que lo ha preferido dos veces contra un verdadero, auténtico intelectual como lo es Daniel Filmus. Pero eso ya está. Ahora tenemos al pibe, al hijo de un sólido hombre de negocios que ha acumulado una fortuna tan enorme que puede imponerlo todo o casi todo (aunque, según creo, no se siente muy orgulloso de su vástago, de su eterno recién venido al mundo, que ni hablar sabe, ya que tienen que soplarle al oído lo que debe decir). Detengámonos en este aspecto (no lateral) de la personalidad del joven Macri: a él le soplan al oído porque ignora el ABC del arte de la política. Simplemente estaba más cómodo en las farras de los noventa que en la densidad histórica de la América latina del siglo XXI. Como a él le tienen que “soplar”, supone que a los jóvenes de La Cámpora o del Movimiento Evita y otras agrupaciones también “les soplan”. Les soplan los perversos que quieren hacer de ellos otra cosa de lo que deberían ser. Y ellos (al ser ya eso que no “deberían ser”, al haber sido sometidos por el Mal) les “soplan” a los otros niños lo que a ellos les soplaron, tratan de convertirlos en lo que ellos son, tratan de infiltrarse en sus mentes. La palabra infiltración es la palabra fundante de la derecha, sobre todo en el campo de la educación. Cuando mataron (en 1976) a los curas palotinos de la iglesia de San Patricio, los carniceros escribieron en las paredes: “Esto les pasa por envenenar las mentes de nuestros jóvenes”. Uno se pregunta: ¿no harían lo mismo si pudieran? Posiblemente: la derecha es tan cruel como cada coyuntura se lo permite. Ya habrá algún organismo que tiene bien anotados en un fichero infame los nombres de los que tratan (hoy) de robarles lo que “esencialmente” les pertenece: la Patria, que es “la casa”. Y si algo quieren es eso: que no les tomen la casa.
Veamos: tratemos de que el pibe entienda. Oesterheld (salvando las terribles barreras ideológicas) fue, para mi generación, nuestro Walt Disney. Sólo que no era macartista, ni la jugaba para el lado del imperio. Pero fue alguien que deslumbró, que iluminó nuestra imaginación, que la disparó hacia lo infinito. Hoy, todavía, yo podría dibujarle al pibe un Sargento Kirk en menos de cuatro minutos. Me inscribí en una Escuela de Dibujo, a los seis o siete años, para poder hacerlo. También podría dibujarle un Pato Donald, porque también lo amé de niño, y a Mickey (menos) y al Super Ratón: muchísimo. (Le puedo dibujar un Súper Ratón en tres minutos. Cuando quiera se lo hago. Así se entretiene con héroes que le seguirán gustando, ya que puede entender sus adorables andanzas, no las de Juan Salvo. No se preocupe: a mí también me gustan, ya que nunca dejaré de ser un niño.) Pero (además de serlo) crecí, sufrí, me hice hombre y nunca olvido, sobre todo, a Juan Salvo y sus compañeros. Primero me enamoré del Sargento Kirk, un desertor del Séptimo de Caballería que tomaba una decisión que marcaría su vida: elegía estar con los indios y no con su ejército. Elegía estar del lado de los indios. Vea, eso nos enseñó Oesterheld: a estar del lado de los indios, de los que siempre pierden, de los desplazados, de los masacrados, de las víctimas. Max Horkheimer decía: “Sólo una historia merece ser escrita: una que siempre mire desde el lado de las víctimas”. (Otro día le explico quién fue Max Horkheimer. ¡No le voy a hablar de la Escuela de Frankfurt cuando está en juego la vida del Eternauta!)
Hacia fines de los cincuenta (vea, fue el 4 de septiembre de 1957), en Hora Cero, aparece El Eternauta. La historieta era más que novedosa. Ante todo, sucedía en nuestro país, en Buenos Aires. Por esos años estábamos también subyugados por las revistas mexicanas. Que copiaban a las de EE.UU. y traían a los personajes de los dibujos animados. Pero esto era distinto, otra cosa. Era una historieta “para grandes”. Oesterheld ya nos sentía crecidos. Y nos largaba El Eternauta para que entendiéramos las asperezas de la vida. Juan Salvo (el argumento se sabe) juega al truco con sus amigos en la buhardilla de su casa. Empieza a nevar. Esa nevada mata. En 1982, en SuperHumor, escribí una nota que se llamaba “La nieve de la muerte cae para todos”. Ya identificaba a la nevada asesina con la dictadura de Videla. En 1981, en Medios y Comunicación, Juan Sasturain había publicado su memorable Carta al Sargento Kirk. Cuando le habla de Oesterheld, el viejo, le dice que le fue mal. Que siguió siempre eligiendo a los indios. Pero “perdió amigos, el buen nombre en las editoriales, cuatro hijas. No es mucho en un país lleno de sangre; es demasiado para un hombre solo”. A partir de 1975 (le aclaro, pibe, para que vea qué difícil es todo), no estuve de acuerdo con los indios a los que se unió Oesterheld. Me fui con otros. Pero el Gran Cacique se había muerto y la confusión era muy grande. Entre otros motivos, porque el Gran Cacique también se había equivocado, y mucho. Decían que estaba enfermo. Pero su enfermedad tenía una sintomatología que siempre lo llevaba a cagarnos a nosotros, los indios jóvenes que lo habían traído al país. No sé si hay síntomas de izquierda o de derecha, pero le aseguro que los del viejo eran de derecha. Y que nos jodió fiero. Sin embargo, Oesterheld siguió con otros pequeños caciques de una pequeña tribu a la que ya no seguían las grandes mayorías de las grandes tribus que el Gran Caudillo, al menos, había sabido convocar. En fin, ésta es una cuestión interna. A usted le interesa otra. Que no les arruinen la mente a sus pibes, ahí, en las escuelas. Le cuento un poco más. Sasturain termina su Carta a Kirk de un modo positivo y (¡ya lo creo!) corajudo para los años que corrían: lo invita a volver a luchar. “Supongamos (...) que hay algo urgente por hacer y con sentido: salvar a la muchacha, defender a los indios o cualquier otra causa abierta. En eso estamos.” La nieve que empieza a caer en marzo de 1976 cae para todos y a todos mata. No pregunta, asesina. No hay justicia. Ni para los indios que eligieron pequeños caciques que se fueron a pelear desde la distancia, una gran, gran distancia protectora. Ni para los indios que murieron en insensatas contraofensivas que los soldados de la caballería enemiga, racista y criminal exterminó de la peor manera. Ni para los indios que no teníamos caciques, pero tampoco paz. Porque estábamos en el país de la muerte. Ese país era el de nueva nevada. Todos los que la nieve mataba eran inocentes. Porque la nieve asesina no preguntaba, no tenía ni respetaba leyes; culpables eran todos. Mataba sin juicio previo. Sin fiscales ni defensores. Y los indios que caían no regresaban jamás. Sus familias pedían por ellos y nada. No había un cuerpo sobre el que llorar. Una tumba donde ofrecerle reposo y llorarlo y hasta rezarle o hablarle, locamente hablarle. Así se fue Oesterheld. Se lo llevaron, lo desaparecieron. Y a sus cuatro hijas: Beatriz (19 años), Diana (24), Estela (25) y Marina (18). En cautiverio, se dice (y seguramente es cierto: aunque, ¿puede usted concebir un sadismo tan exasperado, pibe, cree que algo de esto yace en cualquier mensaje que provenga de El Eternauta o del Nestornauta que tan obsedido lo tiene?), le mostraron, con macabra prolijidad, las fotos de los cadáveres de sus cuatro hijas. ¿Cuánto tiene que sufrir un hombre? ¿Cómo la bestialidad humana, el asqueante sadismo, el placer por el dolor del otro, pueden llegar a atrocidades tan inconcebibles? Acláreme ese punto, por favor.
Nuestra generación amó a Héctor Oesterheld y se crió leyendo sus excepcionales historias, su literatura dibujada. Ahora, mañana mismo, voy a seguir dando un curso que trata sobre la literatura en tanto compromiso político. Los grandes autores que he elegido son: Borges, Walsh y Oesterheld. Creo que es la primera vez que Héctor Germán está ubicado donde merece: entre los más grandes escritores de nuestro país. El Eternauta es, para nosotros, el símbolo del héroe que lucha junto con sus amigos contra la Muerte. Luego conocimos esa Muerte. La padecimos. Perdimos amigos. Familiares, muchos se fueron. O fuera del país o arrojados vivos al Río de la Plata, cuyas aguas, desde entonces, son símbolo de la muerte. Los hijos de nuestra generación encontraron –por fin– un político que les pareció primero confiable, luego querido y después se les murió. Ese político –en un 25 de mayo de 2005– dio un discurso y la televisión lo tomó en primer plano y detrás de él estaba... ¡la madre del Eternauta! ¿Puede creerlo, pibe? Estaba Elsa Sánchez de Oesterheld, que lloró a su marido (al que culpó durante mucho tiempo y al que luego entendió y hoy ha vuelto a amarlo), que lloró a sus cuatro hijas, a un yerno y a un nieto. Estaba porque ese político sabía quién era. Nadie, ningún periodista, al día siguiente, sacó una nota sobre el hecho. No reconocieron a Elsa. Yo sí, y seguramente otros también. Pero –para alegría de Elsa, que tanto necesita alegría y vida y afecto, en fin: que la amen– publiqué al día siguiente, en este diario por supuesto, una contratapa que se llamaba: Elsa en el palco del 25. Vea, pibe, si de ahí, al menos inconscientemente hubiera surgido un empujón, aunque pequeño, que llevara –con justicia– a identificar a ese político (usted sabe: a Néstor Kirchner, que también se les murió a los jóvenes que tanto lo lloraron) con El Eternauta estaría tan orgulloso que el corazón me golpearía el pecho como un caballo desbocado. (¿Sabe la fuerza, la potencia de un caballo desbocado? Pregúnteles a sus amigos de la Sociedad Rural, que tanto bendijo el golpe que nos llevó a Oesterheld.)
En fin, para resumir y que usted (y quienes lo rodean o, absurdamente, creen que usted puede gobernar si no le soplan) entiendan algo: El Eternauta fue el símbolo de mi generación, de esa “generación diezmada” que Kirchner mencionó en su primer discurso, y los jóvenes de hoy lo saben y han decidido que también sea el de ellos; el símbolo, ¿no? El símbolo de la lucha por un país más justo, más libre, más democrático, que respete de una vez para siempre a todos los indios, a todos los morochos y a toda la buena gente. Ese es el mensaje. Eso significa el tan temido (por usted y sus consejeros: porque usted, y disculpe, sin consejeros: nada) Nestornauta. Nada mejor que ese mensaje de vida y de respeto por el otro. Y de amor por la política como medio de transformar un mundo a todas luces injusto, el mundo que usted representa, y de transformarlo sin violencia (porque la lección se aprendió: con la violencia se pierde porque es el arma más poderosa de los soldados y tienen muchas y tienen una crueldad y un desdén por la vida que nadie de los de este lado podrá tener jamás) y con respeto por los otros y por la igualdad, por la justicia, por el mundo de los héroes anónimos pero unidos, por los héroes como El Eternauta. Ojalá estas líneas sirvan para que usted comprenda a los jóvenes de hoy, que no son los que están de su lado. Aunque, tal vez, hasta ellos entiendan y se vengan para aquí, para el lado de los indios, de los hijos de las víctimas. De Oesterheld.
*Por José Pablo Feinmann, en Página 12, 27/08/2012

sábado, 18 de agosto de 2012

Si de batallas culturales hablamos...


Todos los procesos históricos se dan en medio de una puja de clases. Quiero decir, allá por el 1880, la oligarquía pudo ser gobierno sin mayores oposiciones, gracias al exterminio de los caudillos y adoctrinamiento del pueblo. Aunque, por el 1910 y tal vez unos pocos años antes, el flamante partido radical y sus luchas lograron el voto secreto y universal para los hombres.

Pero ¿Cómo hizo la oligarquía para dominar sin mayores objeciones de 1870 a 1910?

 Justamente dando una batalla cultural implícita en favor de sus intereses. La misma consistió primero en estigmatizar a los caudillos y eliminarlos. Si vamos a un ejemplo claro, Rosas es declarado "Traidor a la Patria" por el Congreso Nacional. Es interesante resaltar el Argumento del Diputado Nocolás Albarellos:
"Si no decimos desde ahora que era un traidor, y enseñamos en la escuela a odiarlo, Rosas no será considerado por la Historia como un tirano, sino como el más grande y glorioso de los argentinos."
 En esta cita, aparece otro de los medios de adoctrinamiento, del cual Sarmiento era ferviente defensor: la escuela. Esa persona que, aún al día de hoy, es reconocida como "Padre del aula" estaba motivado por sus intereses de clase. La educación fue el medio por el cual la "generación del '80" construyó un relato del pasado donde legitimaban su presente.
Entonces los niñitos salían de la escuela y eran fervientes "odiadores" de los caudillos, porque eran tiranos, entonces había que perseguirlos y exterminarlos. Al igual que los gauchos e indios, que eran una raza inferior y nos amenazaba a nosotros, que somos superiores. Por eso había que matarlos, porque tienen mucho odio; y hay que matar hasta a los recién nacidos, porque lo llevan en la piel. Si, es una cuestión de piel.

Otro medio de adoctrinamiento fueron los museos. Casualmente, en ese tiempo, se creó el Museo Histórico Nacional. (Actualmente ubicado en Parque Lezama).
Este museo tenía el mismo fin que la escuela, legitimar a la clase gobernante, construyendo un relato conveniente de su pasado. De esta manera, elegían al padre de la patria, pero omitiendo que el General San Martín había regalado su sable a quien poco tiempo antes había sido declarado por el Congreso Nacional, traidor a la patria.
En dicho museo también se enaltecía la figura de Rivadavia, se resaltaba la campaña al desierto a través de óleos en los cuales se volcaba un deseo de realidad y no la realidad efectiva, entre otras cosas.

Si contrastamos este ejemplo con cualquier época de nuestra historia, vamos a poder reconocer que siempre hay una cultura dominante, la cual por adoctrinamiento implícito impone los gobernantes, o por lo menos, las reglas del juego a esos gobernantes.

En los últimos tiempos, se ha facilitado la tarea de las clases dominantes, por el desarrollo de los medios de comunicación. Y aunque los desarrollos tecnológicos son para todos, se les facilita a ellos porque son quienes cuentan con grandes capitales para poner en función el aparato.

Al referirnos a la actual batalla cultural, tenemos que remitirnos al 24 de marzo de 1976. Porque es en esa fecha donde comienza a implementarse un plan de exterminio y adoctrinamiento del pueblo en contra del mismo y a favor de los grupos tradicionales y concentrados de poder. (¿Ya lo había dicho a esto?)
Ahí es cuando comenzaron sistemáticamente (o algunos meses antes) a reprimir al pueblo movilizado, a secuestrar, a matar, a atemorizar y adoctrinar sobre qué es de buen argentino o humano.
En ese momento es cuando comienza la campaña anti-estado, donde se difundió que no es un buen administrador, que la industria nacional es mala, que no hay que meterse en lo que no lo afecta, y si lo afecta, así creó dios la Tierra y hay que aceptarlo como viene, etc.

La dictadura se ocupó de exterminar la resistencia a la cultura peronista de trabajo, industria, soberanía, solidaridad y alegría. Mientras tanto, los medios de comunicación adoctrinaban al pueblo con la mencionada campaña anti-estado, llegando al apogeo de su tarea en los años `90, donde esos postulados formaron parte del "sentido común" del pueblo. Dicho sentido común dictaba la siguiente ecuación: estado ineficiente + políticos corruptos + no te metas = privatizaciones eficientes y salvadoras de la patria.

Pero, como se ha demostrado en reiterados momentos de nuestra historia, la represión física e intelectual a las masas tiene un límite. Cuando se supera esa línea, el pueblo empieza a resistir el avance de esa cultura y trabajar para salir de ese paradigma.

La cultura dominante hasta ese momento dictaba que la política no servía, por lo tanto la salida de esa situación era "que se vayan todos". Ahí es cuando aparece el Kirchnerismo, de "prepo", con 22% de los votos el nuevo gobierno se dedicó a profundizar esa resistencia con mucho contenido social y trabajando para que cambie el paradigma. De ésta manera, Néstor interpreta la necesidades del momento y comienza a trabajar para atender al llamado del pueblo que pedía mejores condiciones de vida. A partir de ahí se lanzan cientos de medidas pequeñas (como puede ser "blanquear" a las trabajadores domésticas) y medidas trascendentales, como el pago al FMI.

Pero además trabaja para reivindicar a los reales próceres que tuvo la patria y los mismos oligarcas de la  "generación del `80" se ocuparon de ocultar a través de leyes como las mencionadas, planes de estudio y contenidos de museos, hasta incluso por sus propios medios de comunicación, uno de ellos nos acompaña hasta la actualidad con la misma política y es el diario "La Nación" fundado por el mismísimo Bartolomé Mitre... curioso el nombre, como si La Nación Argentina tendría que ser como el diario lo indica.

Decía que Néstor se ocupó de aquellos próceres que concebían a la nación como una gran casa donde pueda vivir todo el pueblo dignamente y no una casa para unos pocos donde las masas serían sus sirvientes. Entonces se volvió a hablar de Moreno, de Belgrano (como ideólogo de la Revolución de Mayo y no simplemente como creador de la bandera), de French y Beruti (no como creadores de la escarapela, sino como dirigentes de un colectivo que exigía libertad), de San Martín (no como autor de la hazaña de cruzar los Andes, sino dándole contenido a ese cruce de los Andes. Y resaltando que regala su sable a Rosas), de Rosas (comentando el contenido social de su mandato), de Dorrego, de Güemes, del Chacho Peñolaza, etc.

Hay una canción de la JP donde indica en una de sus frases: "... hay otra historia/ yo te lo digo/ el pueblo entero haciendo su destino..."
Esta frase describe perfectamente el mensaje que trajo el kirchnerismo a la población. Y así aparecen los desaparecidos. Aparecen porque se los reivindica desde el gobierno como parte del pueblo que construyendo su destino fueron perseguidos, atacados, exterminados y silenciados. (¿¿había mencionado esto en otra parte de la nota??)
Y también desde el estado se persigue a los desaparecedores, pero no se los ataca ni se los extermina, sino que se le da la posibilidad de tener un juicio, de tener abogados, se los trata como personas.

El kirchnerismo también lleva esta batalla cultural al exterior, con su reclamo de Malvinas, donde en el comité colonización la mismísima presidenta les habla de historia, que son nuestras por la historia lo marca e interpela a los demás países también hablando de historia, pero sobre la historia colonizadora y sometedora de algunos países, entre ellos el Reino Unido.

Como la mejor manera de estar en la vanguardia de esta batalla es tener mucha militancia joven, y a eso apuntó y apunta este proceso. Revalorando la condición de militante e incentivando a la militancia.
Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2006, en el acto que se hizo en la Plaza de Mayo diciendo que volvimos a apropiarnos de la plaza con el "Y un día volvimos a la Plaza de Mayo...". Es una frase muy fuerte, había vuelto tibiamente la JP. Y agrega que él había estado hace poco más de 30 años ahí en la plaza, de la misma manera que estaban los presentes, como un compañero más, había estado celebrando la vuelta del peronismo. Sí, un presidente que era un compañero, era un militante que estaba cumpliendo el objetivo de todo militante, cambiar efectivamente y día a día la realidad del pueblo.
Cristina, este año en la celebración del 9 de Julio (en estas dos situaciones percibimos otra herramienta de la batalla, hacer grandes celebraciones de las fechas patrias, pero dándole contenido), dijo algo que merece ser citado textualmente:
"Yo quiero que ustedes, jóvenes universitarios y secundarios también, como lo hacíamos nosotros, vayan a los barrios junto a los más humildes porque allí se aprende lo que sufre el pueblo, las cosas que necesitan, ahí uno adquiere la sensibilidad que nunca más pierde. Porque es en la juventud, porque es en la edad en que aprendés a incorporarte a la vida, donde se te quedan fijados los conceptos y las ideas."
Algo realmente increíble estaba sucediendo, una presidenta convocando a los jóvenes a militar a los barrios.
Pero como las batallas tienen dos frentes, y el frente que actualmente se opone a los intereses del pueblo sigue muy fuerte, en estos días estamos viendo cómo se ataca a la vanguardia de esta batalla cultural que estamos dando. La cual no es La Cámpora, sino que es la militancia, y no sólo la kirchnerista, sino que el ataque perjudica a todas las ideologías. Porque no existe un solo militante de base que tenga malas intenciones, participe en la agrupación que participe.

Por esto es importante seguir trabajando, porque las batallas culturales no terminan, se dan con mayor o menor fuerza que hasta pueden parecer perdidas, dormidas,  pero después de la desaparición de 30 mil compañeros, tenemos los fundamentos prácticos que nos indican que no se puede perder. Ganarla es una utopía y por ella tenemos que ir, militando con mucha alegría y convicción. Esto mismo dijo Néstor el domingo siguiente a la derrota en las legislativas del 2009, donde parecía que todo se acababa.

Y miren como estamos...


jueves, 17 de mayo de 2012

La Ruptura en Crisis

2012, año 4 de la crisis financiera-económica global. La crisis que tuvo punto físico de partida en los Estados Unidos, pero que como víctimas (o no) de un mundo (cada vez más) globalizado, se extendió rápidamente y que con el tiempo se fue agudizando. Luego dio algunas muestras de superación, pero estas rápidamente fueron socavadas por una nueva fase de ésta que, al parecer, promete mostrarse como la grieta más profunda. Se podrían analizar una enorme cantidad de causas y consecuencias del por qué y el cómo de esta crisis, pero escojo detenerme en algunos elementos que arroja de índole sociopolítico; más que nada en los puntos de quiebre que luce el panorama sociopolítico en Europa y Estados Unidos. Sin lugar a dudas, esta crisis presenta nuevos paradigmas, y, anclado en este mar de análisis e interpretaciones de todos los colores, creo desde mi humilde opinión, que estamos lejos de ver el fin del capitalismo como afirman desde algunos sectores del marxismo. Me arriesgo a jugarme por lecturas menos apocalípticas que auguran un estrepitoso y certero final del sistema capitalista que rige desde hace cuatro siglos. En este sentido, yo me inclino más por un cambio en los paradigmas sociales y económicos que pueden provocar una crisis profunda al interior de las diferentes corrientes del liberalismo y la aparición de alternativas como la socialdemocracia, y, en un sentido más esperanzador, similares a los populismos latinoamericanos actuales. Sin embargo, aunque la cuestión económica sea la principal y más relevante cuestión en torno a la crisis, es por lógica que en términos más generales y abstractos es la madre de todas las consecuencias que pare. Y es una de ellas donde me quiero detener: la ruptura, el resquebrajamiento en términos políticos y perceptuales del sistema político (principalmente europeo y estadounidense). Por estos días, nos vemos atravesados por las elecciones en Francia. Allí, ocurren una serie de hechos políticos muy particulares. Por un lado, y como dato más sobresaliente, el socialdemócrata François Hollande, candidato por el Partido Socialista Francés, resulta electo como Presidente siendo el segundo Presidente socialista en Francia (antes había sido el histórico François Mitterrand). La cuestión general al caso francés que se reproduce también en casi toda Europa, es el voto castigo hacia los oficialismos. Esto responde a dos factores sociopolíticos: el primero es que al tener una profunda crisis e inestabilidad económica, los oficialismos no pueden gobernar tranquilamente; lo que además repercute en las economías de los votantes y, que al ser el área más sensible en un país, provoca movimientos volátiles y bruscos en estos. Por otro lado, y como segundo factor, aparece la inestabilidad institucional que ha provocado esta crisis y que deja expuesta de manera crítica todo el sistema vigente por parte de grandes sectores de la población, lo que por naturaleza, resulta un enorme obstáculo para que los oficialismos puedan desarrollarse con plena libertad. Pero atendiendo a la esencia y núcleo de este artículo, es importante remarcar la irrupción en la arena política la figura de Marine Le Pen, representante de la extrema derecha francesa, a la cabeza del Frente Nacional. La aparición de Le Pen –que si bien no es novedosa para el interior del espectro político francés ya que su padre accedió al ballotage en las elecciones presidenciales de 2002 y se había consolidado como la tercera fuerza tras las parlamentarias de dicho año– forma parte del cada vez más común (y natural) cuestionamiento que nace hacia el propio sistema capitalista. Cuestionamiento que trae esta expresión sociopolítica y que estalla en el corazón del capitalismo, es decir, al interior de occidente. Pero, como decía anteriormente, Le Pen no es una cuestión aislada y exclusiva de Francia, por el contrario, vemos como en Estados Unidos surge un movimiento político como el Tea Party con matices de todo el arco de la derecha que van desde el liberalismo libertario hasta el ultraconservadurismo. Este movimiento que cuestiona el rol y hasta la existencia del Estado, el sistema político bipartidista, con claros y profundos sentimientos xenófobos y racistas, emana de esta crisis y representan una forma de ruptura con el sistema que lo hace por y hacia la derecha. Dichas experiencias, se contraponen y contrastan con los movimientos de indignados de España, Inglaterra, Grecia o el “Ocuppy Wall Street” que muestran tener un cuestionamiento tirando más por izquierda, y si bien tienen un volumen y una capacidad de movilización importante, parecen carecer de organización que los estructure y ordene para permitirles avanzar en pos de objetivos, metas y resultados reales y certeros que logren promover el cambio. Esto queda en evidencia cuando por ejemplo en España su “rebelión” y el llamado a no votar, tiene como resultante que arrase la derecha conservadora que profundiza el ajuste y el achicamiento del Estado y en efecto la crisis. Otro caso producto de su inorgánico agrupamiento, es Grecia donde al igual que España, con los mismos pasos, el conservadurismo obtuvo la Presidencia del Gobierno y hasta por primera vez en su historia, el Partido neonazi logra ingresar al Parlamento, obteniendo 21 escaños. Probablemente estos acontecimientos de la esfera política europea tengan una mayor repercusión y cobertura mediática porque ocurre en lugares geopolíticos estratégicos y céntricos del sistema capitalista que funcionan como una suerte de “caja de resonancia” donde, con la ayuda de la globalización, impactan fuertemente al resto del mundo revotando con más fuerza. Pero, a modo de conclusión, esto nos muestra las dos formas en cómo se está dando el cuestionamiento hacia el núcleo del sistema y desde que lados puede darse la ruptura. Al mismo tiempo nos muestra que la falta de organización y estructura de toda esa masa junta, pero no agrupada, solo encuentra (hasta el momento) un alto grado de ordenamiento en el ala derecha, mientras que se expone la debilidad por quienes sostienen una crítica desde un costado más de izquierdista. Quizá, el gran desafío no solo sea la estructuración de esa masa, sino también, que rompa con los viejos paradigmas de la política liberal europea, mostrándose como una clara y real alternativa, y fundamentalmente con el surgimiento de cuadros políticos capaces de conducir y liderar dicha alternativa y no quedar como un mero recuerdo de un movimiento social con poca trascendencia en la historia. En otras palabras, que se rompa, pero que se rompa por izquierda. Martín Szulman. Buenos Aires, Argentina.

viernes, 27 de enero de 2012

Lo Soñado


Ciertas palabras están cargadas de connotaciones. Nosotros, en el uso cotidiano, les damos cierta forma. En la práctica se hace la teoría y el uso de la teoría a su vez se refleja en la práctica. Ojo, no es un traba-lenguas. Althusser, pensador francés, hablaba ya de la ‘práctica-teórica’ como un concepto que no puede dividirse entre la generación de teoría y la posterior aplicación que se haga de ella.


Este tipo de pensamiento es propio de la línea francesa desarrollada a partir de Gastón Bachelard, Pierre Thuillier, Louis Althusser y Michel Foucault, entre tantos otros.


Las ideas presentadas por estos fantásticos autores vino a poner en cuestión los ejes de la ciencia positivista, donde uno de sus desarrollos principales consta de separar la producción de conocimiento (teoría) del modo en que ella se aplique en la realidad (práctica).


La práctica del conocimiento se resuelve mediante medidas políticas, por lo que la práctica (según la línea positivista) es la política. El mal superior, sucio, ineficiente, centrado en el estado para hacer uso de los conocimientos premeditados. Obviamente de manera desprolija.


El gran argumento que sabe dividir a la teoría de la práctica sigue siendo hoy en día un fundamento predominante en nuestras sociedades.

Se logra mantener así una idea desde la cual todo mal que venga desde el conocimiento se debe no a la forma en que se produce, sino al posterior mal uso que de ella haga la actividad política.

La línea francesa logró correr el velo de lo ‘natural’ y puso a disposición una crítica por demás interesante. Mas bien una afirmación: ‘En la teoría misma está la práctica’. Hay un juego de práctica-teoría-práctica desde donde se producen las realidades sociales. De esta manera, ya no habría que dividir entre el uso eficiente-privado de los años 90’ en toda Latinoamérica y el desastre político en su aplicación.

La famosa ‘teoría del derrame’ (a partir de la cual la actividad privada va a terminar derramando sus beneficios a las clases marginadas) no se pudo concretar por la ineficiencia política en su aplicación.

Interroguemos entonces un poco: ¿Realmente existe una división entre teoría y práctica o esta separación es una forma elegante de generar la desigualdad?.

Hace poco fuimos de viaje a Cuba, la tierra ‘atrasada, aislada y olvidada’. Allí todo es político. Desde nuestra visión positivista diríamos entonces: todo es sucio. Todo es ineficiente, todo es atraso. La práctica que implementa al conocimiento generado anteriormente no genera frutos, porque ese no es el camino. La política significa corrupción y beneficio propio.


Pero perdón, disculpen la interrupción. ¿Es que en esa isla literalmente aislada no hay democracia?

¿No hay libertad para que cada uno, mediante esfuerzos personales, pueda llegar a tener lo que quiera?

¿No hay (y lo grito con fuerza y odio) libertad de mercado?

¿No existe el egoísmo natural de cada ser humano que propone la superación personal?

¿No existen los sueños individuales?

El pensamiento de Cuba es colectivo, no individual.

Voy a decir lo que no hay con conocimiento de causa, y todo por una enorme política estatal de largo plazo:

No hay desnutrición.

No hay miseria.

Nadie se muere de hambre. Nadie.

No hay desigualdad a la hora de ir a atenderse al hospital (porque es gratuito para todos, para el anti castrista como para el castrista más acérrimo).

No hay restricciones para la cultura. Cualquier persona puede estudiar lo que quiera de manera gratuita. La única condición es elegir qué quiere uno para su vida, si ser enfermero o biólogo marino.

No hay inseguridad, por la gran política cultural del respeto hacia el otro.

No hay tristeza, son un pueblo muy alegre.

No hay egoísmo. Según las palabras del maestro Galeano “Es el pueblo más solidario que conocí”.

No hay una política curativa, sino de prevención. Allí el deporte es salud, todo niño practica el que más le gusta desde la primaria hasta el segundo año de la universidad.


Esperen, estoy pensando qué cosa puede haber que tenga connotación negativa. Ahora me acordé: Sí hay un bloqueo político-económico de los campeones del conocimiento positivista, Estados Unidos, en toda la isla. Esto impide la comercialización directa con Cuba, encareciendo muchísimo los productos. También impide que Cuba tenga internet, porque a pesar de tener las instalaciones hechas, están esperando que desde el país del norte les habiliten la licencia.


No hay democracia, según la concebimos nosotros. Porque en todo país que levanta la bandera de la democracia siempre se muere algún chico por hambre o por desnutrición, o hay gente pidiendo limosnas en la calle, víctimas de un aparato que genera una desigualdad económica, como así también de acceso cultural (que siempre en los países libres es para muy pocos).

Pero bueno, ¡viva la democracia! De morirse de hambre por algún rincón relegado por el mismo sistema.


El jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires habla de democracia. Los chicos de las tantas villas de nuestra ciudad se mueren de hambre, en invierno tienen mucho frío, duermen en casas de chapa y pisos de tierra, no tienen acceso a la educación ni al desarrollo cultural (y menos lo van a tener mientras se sigan recortando los presupuestos destinados a las carteras que tengan como título ‘políticas sociales y públicas’).
Es muy probable que el jefe de la ciudad hable de Fidel como un dictador, porque no existe la democracia en su país. No sería lindo preguntarse entonces…

¿Democracia para quién? Seguramente en la villa 31, por citar alguna de las tantas que componen la ciudad de Buenos Aires, no piensen en la misma definición de democracia que el jefe de la ciudad. Allí no hay libertad, hay prohibición: De pensar, de comer, de atenderse en un hospital público, de vivir en una casa con sistema cloacal, de instruirse culturalmente...


Pero bueno, ¡Viva la democracia!.


De algo estoy seguro. Lejos de ser ineficiente, la política estatal implementada en Cuba desde el año 1959 tuvo frutos de un árbol que en los demás países…no se encuentran.














Leandro Basanta

jueves, 27 de octubre de 2011

Que nadie nos cuente quién fue Néstor





A un año de la muerte del más grande de todos, recordamos en jóvenes reflexiones nuestro artículo para su persona, en caliente, con la sangre que fluye y la pasión que nos conduce. Gracias Néstor.


jueves 28 de octubre de 2010



Me opongo totalmente a siquiera intentar leer lo que los mentirosos y cobardes jefes opositores salen a decir en un contexto oportunista como ellos mismos lo saben concebir.
Me opongo totalmente tan sólo leer los relatos dispersos de significados y valores que intentar publicar los evasores al modelo nacional que Néstor supo encabezar como uno de los dos cerebros de ésta fantástica gestión.
No quiero escuchar a ninguna Victoria Donda y a ningún Pino solanas dando el pésame absurdo del protocolo-tipo al mejor estilo Bergoglio, tan sólo a metros donde velan al líder máximo del siglo XXI.
De la misma manera, me niego con fuerte sentido y actitud desafiante a todo lo que me intente contar la derecha seria de buenos modales, la baires buenos aires, que sale a festejar con burbujas por el costado oscuro desde donde sólo ellos saben construir.
Insisto en no querer escuchar de uno u otro lado que me quieran contar los logros de ésta colosal figura. Parece ser que a los muertos se los pone en un eje elevado de ciertos metros desde donde se les quitan las impurezas cometidas en vida y pasan a ser intocables, meros recuerdos positivos y fotos sonrientes desde donde saben estar ubicados para ésa gente. A eso me niego también. Y me niego sobretodo porque quien escribe como tantos de la jp supimos valorarlo en vida, sus logros, su figura, su fuerza, sus ganas, su voluntad de acero incorrompible.
No necesité de su muerte para concientizarme de todo lo hecho, de los juicios a los genocidas por la desaparición de 30.000 compañeros pensantes, de generar 4 millones de puestos de trabajo, de lograr un modelo de inclusión donde el trabajador volvió a recuperar esa dignidad que tantos remarcan en las caras y comentarios de la plaza de mayo por éstas horas.
No necesité leer una tapa de diario para saber quién nos está dejando físicamente. Me bastó tan sólo con ir escuchando a lo largo de todo éste tiempo las palabras de agradecimiento de la gente más humilde de las villas por la oportunidad de volver a tener un trabajo asegurado, organizarse en cooperativas, tener acceso a una asignación universal, forjar el estudio público como una herramienta imprescindible de cambio para dar la real batalla cultural que Néstor y Cristina siempre elevaban como la “más grande de las batallas”.
Sigo sin necesitar que me muestren un conmovedor video realizado en uno de ésos centros que fue matando en vida a Néstor con mentiras, persecuciones a su persona y su familia, descalificativos de los más bajos, que sólo tienen chance de ser escuchados cuando hay una ley gestada en la dictadura que permite ese desnivel de voces donde los de siempre tienen lo que a los otros les falta. La ley de medios audiovisuales encarna en Néstor y éste proceso gubernamental la voluntad de cambiar de paradigma, de empezar a desnaturalizar las cosas y dudar que no todo fue siempre así, no todo lo heredado es lo natural, mucho menos lo real.
Sigo con el mismo énfasis en oponerme que me intenten describir la oportunidad y espacio que le dió a la juventud, como nos dijo bañado en llanto un trabajador de la casa rosada.
Espero que ni se acerquen a intentar explicarme procesos emancipatorios de libros del XIX sobre la clase trabajadora, porque yo mismo ví las lágrimas incesantes de ésos obreros de carne y hueso que despedían a metros nuestros a su expositor de necesidades.
Sin más que decir, me niego también a escuchar voces de desánimo que empiezan a hablar del fin de éste proceso que Cristina va a seguir llevando adelante con la mayor de las fuerzas que una persona como ella sabe llevar. En las obligaciones ella sabe jugar y agrandarse.
Me niego a escuchar siquiera a alguien de la juventud a tirar la toalla. Eso no va a hacer rememorar a Néstor. El único camino para seguir sobre éste eje es profundizar el estudio, la militancia, la voluntad y la solidaridad que ésa gran persona supo llevar como militante político y voz de la opinión relegada y marginada.
La doble cara de la moneda nos dice que se fue un grande, como así también que debemos apoyar a otra grande para profundizar lo que tanto trabajo costó.

“De los cobardes no hay historias”, de Néstor tenemos muchas para contar.




Leandro Basanta