martes, 9 de marzo de 2010

DeSliZa Carrió

Mandataria y jefa del gran bloque opositor al gobierno democrático nacional, Elisa Carrió es un exponente de cúpula que encarna ciertas características que seducen a “la juventud reflexiona” para intentar, por medio del pensamiento paulatino y constante, descifrar algunas cuestiones que se relacionan con su persona pero también son un reflejo del bloque citado.
Llama mucho la atención la fuerte fijación por lo institucional y democrático, que lidia con el congreso nacional y el aparato legítimo-estatal del cual forma parte la decisión y el accionar del voto de la mayoría para con la misma.
Ahora bien, notamos también la común relación existente en un pensamiento determinado. Éste se conforma del discurso y el accionar, que, sumados, dan como resultado la tendencia o camino que se toma. Es aquí donde vemos un gran cortocircuito, algo que no combina los factores A y B dispuestos por el bloque de la coalición cívica radical y la unión Pro en su mayoría. En definitiva y para no teorizar más de lo que se debe, para lograr un texto seductor que refleje nuestra opinión, el discurso de la oposición es llamativamente distinto con su accionar, sumados también a una contradicción plus acorde a la coyuntura de momento. Trataré de ser un poco más explícito.
Este grupo opositor caracteriza a este gobierno de inconstitucional y hasta autoritario, sólo por sancionar leyes que, antes de tener un dictamen definido, pasan por el gran camino institucional de aceptación de proyecto y, yendo más atrás todavía, cumplen el rol primero de ser un gobierno votado por la mayoría, lo cual le da ciertas pautas, dentro de la línea democrática, para hacer respetar el voto y voz de temas que obliga la mayoría por medio de su voluntad y convicción en las urnas y están discriminados en la plataforma de proyectos anterior a una votación.
Esto fue, entre otros, el fuerte hincapié sobre la redistribución de la riqueza y la nueva ley de medios audiovisuales, sumados a otros tantos objetivos. Tratar de encaminar lo que votó la mayoría es tratado como un acto autoritario, soberbio e inconstitucional, entre otras cualidades. El discurso ligado al accionar vuelve a tener otra ruptura, como en el caso del proyecto de ley 125, donde el vicepresidente, en caso de empate en la cámara, lo único que debe hacer es desempatar para el lado del poder ejecutivo, porque es el representante del mismo en el congreso nacional, y por ende no hay un voto propio en discusión.
El único caso de tragedia entre ser representante de un proyecto político que estaba antes de asumir dictaminado en la plataforma y votar en contra de eso no lo hace, según la oposición, una incoherencia que no se logra dinamizar, sino, muy por el contrario, personifica a Cobos como un hombre de pelotas que no es un títere más de los que quiere el gobierno nacional sino que hace lo que su corazón y el pueblo dicta, se maneja por el sentimiento de momento dejando una gran oración al mejor estilo Fidel Castro, pero justamente siendo funcional a la parte contraria, y perpetuando el enigma “que la historia me juzgue”. Éste hombre, para la oposición de las leyes, es el nuevo héroe nacional, el camino individual a seguir, que no se asusta de nada y es libre en su accionar. El gran congreso ahora sí que habla por sí sólo y sabe ser legítimo y constitucional. La voluntad del congreso es indudable, incorrompible, es la voz de la gran mayoría.
El discurso vuelve a cambiar cuando ese mismo congreso, sin ningún cambio, vota 44 a 24 a favor de la nueva ley de medios audiovisuales de la democracia. La oposición, encabezada por Carrió, sale al cruce para opinar sobre las presuntas “irregularidades” en el fallo e incitar a una revisión de esta ley sancionada por el congreso que, al parecer, no es tan pura como la resolución en la ley 125, sino que, al revés, esconde fantasmas y misterios corruptos que la institucionalidad judicial debe aclarar.
Como venimos repitiendo, el accionar y el discurso no logran comunicarse en este lado de la política. No se logra entender cual es la razón de realzar con tanto ímpetu lo democrático y luego, en la cita a los programas, Elisa Carrió desliza y hace un llamado a la opinión de la gente, adjudicándose ser la intérprete y vocera del pueblo argentino, aclamando “la gente en la calle dice…que se vayan…la gente en la calle dice…los quiero matar…la gente en la calle dice…a ver si los derrumban”.Comprobamos así que la voz del pueblo en octubre del 2007 no condice con en presagio en sus declaraciones ni el respeto de Carrió por los tiempos institucionales y la voluntad popular.
Lo que me animo a indagar es si realmente hay una dicotomía de lo que se entiende por institucional o simplemente una careta eXtra Large tatuada en la oposición que, cuando le conviene, apunta a la democracia y su voz parlamentaria, pero cuando no, deja entrever el odio más hondo por la voluntad puebleriana, y resalta la envidia y asco que se tiene por la generación de políticas de izquierda, inclusivas, ya que parecería ser que lo democrático siempre va a ser democrático cuando sus intereses sean los favorecidos, y , en contrapuesta, lo autoritario será lo que se vote, por el mismo método y canal de la democracia, que no coincida con sus pensamientos de beneficio sectorial pequeño ni de recomendaciones económicas que provengan del FMI.
La Juventud reflexiona sobre esto y trata de llamar a la reflexión de qué es lo que realmente pasa cuando el disfraz se cae de a poco, cuando se deja ver por la endija que todo lo que salga del gobierno democrático popular va a ser, para ellos, ilícito y autoritario, porque nunca va a haber consenso si el consenso tiene que ser lo que la pequeña porción oportunista quiere y la gran mayoría otorga. Por más que el aparato mediático-privado sea suyo, y con eso realicen una gran presión en la modificación de la opinión popular creemos en este espacio la necesidad que hay de interrogarse sobre si realmente respetan lo democrático o sólo será democrático en cuanto sea afín a la reproducción de su tranquilidad burguesa.
Carrió desliza en este discurso como lo hace toda la oposición que se replantea volver a las políticas de privatización emblemáticas de los 90 y ajuste salarial, remontándonos a la flexibilización laboral del gobierno delarruista , donde, para todos ellos, sí había libertad de expresión y se ejercían los sueños de la mayoría.
“Los medios son de derecha” dijo alguna vez Casullo, filósofo que supo integrar el excepcional espacio Carta Abierta.
Está en nosotros reever estos temas. Para eso hay que tomarse el trabajo de pensar. Para eso hace falta la voluntad individual. Para lograr lo anterior hay que derivar del conjunto del mismo, la sociedad. En fin: la voluntad popular.


Leandro Basanta