viernes, 30 de julio de 2010

Los valores no se manchan

Hay algo con respecto al desempeño de Diego en la selección que me andaba dando vueltas por la cabeza, pero no sabía bien qué era. Tenía ganas de escribir algo al respecto, porque esa sensación tan intensa que me dejó el mundial tenía que corresponderse con algo.
Después de haber transcurrido casi tres semanas de su finalización, y después de haber oído el discurso de Diego, creo encontrarme en condiciones de deducir qué fue lo que transmitieron al pueblo argentino esos días.

Básicamente, hubo una demostración de valores indispensables del ser humano.

Todo aquel que juegue al fútbol, o forme parte de un equipo, sabe cuales son:
Compañerismo, solidaridad, perseverancia, hambre de gloria (para graficarlo de alguna manera), entre otros. Después, cuando dio el discurso, relucieron otros valores, pero primero comencemos a analizar los ya mencionados.

Antes de que comience el campeonato del mundo, eran contados los casos que se ilusionaban con el seleccionado y el que nos convenció de que nos teníamos que ilusionar fue Diego. Y él, implícitamente, sentó las bases para que ésto suceda.

¿Cuáles fueron?

Un grupo unido, inclusivo, igualitario (tenía 23 titulares según él), donde cuando alguno cometía algún error los demás lo arengaban para que no se auto-castigue por un simple error (caso Demichelis), haciendo notar el valor de representar a nuestro país, denunciando las injusticias que atentaban contra nuestros jugadores, entre otras cosas.

Ver todo esto nos generaba una gran alegría.

Ver la intensidad con que Maradona seguía los partidos desde el banco y saltaba ante alguna patada mal dada a Messi, sumado a los buenos resultados conseguidos en los primeros partidos, generó una gran ilusión.

Y si hay algo lindo en la vida es la ilusión y la alegría, factores ideales en la ecuación de la felicidad. Si uno no se ilusiona o no sueña las cosas que quiere, muy dificilmente las consiga.

Nosotros no vimos a un DT sentado en el banco de suplentes, vimos a una persona que demostró cosas esenciales, que deben estar en todas las personas. Y llevó alegría al pueblo (como decía aquel cuartetero), que después los caretas impúdicos junto a los escribas que reptan por las treinta monedas, se encargaron de quitársela.

Dio cátedra y nos hizo feliz, para mi eso fue suficiente. Pero para él no, porque una vez eliminados del campeonato siguió con sus enseñanzas, tomando ese echo como digno de un duelo, como una derrota sufrida por la patria. Queriendo, se me ocurre, dejar un mensaje propio de la doctrina de un ex presidente inmortal, donde primero está la patria.

Las bases ya estaban sentadas, seguramente faltaría ajustes tácticos, aplicables en 4 años, en el próximo mundial.

Pero la traición fue inminente. Y Diego no se quedo callado ni fue sumiso. Dijo todo lo que tenía para decir e hizo valer su la palabra. Algo realmente importante, ya que el valor de la palabra se ha perdido en gran parte por lo sufrido en la nefasta década de los `90.



Diego se pudo haber equivocado en planteos tácticos, pero los valores no se manchan.