jueves, 16 de septiembre de 2010

Reflexión de una compañera

Los jóvenes podemos decir que nos ha tocado crecer viendo una linda época del país. Linda por sobrantes motivos en los que no voy a extenderme en este escrito, pero el que quiero sí destacar es que podemos afirmar con toda seguridad que la falta de libertad no la hemos sufrido, en ningún punto, menos en la expresión. Por este y muchos motivos más tenemos que tomar el compromiso de una tarea importante, a mi modo de ver incluso apasionante, de construcción política. Esta tarea se realiza sentando bases y planteando temas de agenda, siempre manteniendo una participación activa y movilizándonos en pro de la conciencia social. Para esto tenemos como herramienta principal a la comunicación, ese nexo por el cual absorbemos y transmitimos, aquello por lo cual conocemos y damos a conocer. Pero, ¿Qué hay concretamente dentro de ese vínculo? Ciertamente hay información, acontecimientos, noticias, datos, que en este momento están siendo maniobrados para defender y salvaguardar intereses corporativos. Es lógico que siempre se vaya a perseguir o defender un determinado interés, lo grave de esto es que esa información nos llega con el falso título de “independiente”. El mensaje subjetivo está perfecto, lo peligroso es ese título, lo vuelve capcioso. Por eso tratar y ser consientes de este tema no es algo menor.



En cuanto al tema de la absorción (esa interpretación en la que juegan cuestiones tanto de gustos como de valores, creencias y lecturas sociológicas), me detengo en el análisis de la situación actual donde los medios están siendo motivo de debate intentando llevar a cabo una manipulación estratégica, cultural-política, apoyada en una centralización de la operatoria. Esto no puede ser así. Tenemos el derecho a tener medios adecuados, que sean limpios, y de poder elegir con cuál y como informarnos. Repito y aclaro:



Limpios: sin manchas de sangre (léase ADN, hijos apropiados, picana, Papaleo, Circuito Camps, Graiver…), sin concentración que coarte la pluralidad, sin profesionales condicionados, sin tendencias xenofóbicas y racistas, sin magnates relacionados con los jerarcas de la dictadura…



Que podamos elegir: sin condicionamientos, ni imposiciones, medios en los cuales poder ver la programación de nuestra ciudad; leer el diario que nos interese, no solo el que llega al quiosco del interior.. Porque estas son las realidades, esto es lo que viene pasando.



Por último elegimos informarnos: sin ser esta una palabra menor, porque si leemos solo una línea bajada de un grupo hegemónico (que intenta instalar una determinada opinión pública) no solo nos deja una visión incompleta, descontextualizada, sino que ya directamente nos desinforma, y si estamos desinformados estamos sin herramientas para el análisis. Ése es el verdadero opio de los pueblos, no el fútbol para todos ni los carnavales, ni nada parecido.



Es acá donde voy del otro lado del nexo comunicación que es la transmisión. Para continuar recalquemos que ese nexo es ilimitado, múltiple, continuo, constante, enorme, es vital. Entonces, si en esta transmisión no hay libre competencia entre grupos, si se crea con demagogia una determinada conciencia, llegamos a la conclusión que esa transmisión (que es digna en su propósito) esta siendo bastardeada, subestimada, porque es parcial, porque es monopólica, porque instala una sola línea de pensamiento al mejor estilo de régimen no democrático (algo coherente siendo que la ley que regia era de un gobierno de facto). Dado el alcance innegable que tienen hoy los medios de comunicación y su retroalimentación constante ¿Podemos permitir algo así? ¿Es justo que un medio venga a jugar con nuestra democracia, intentando debilitar un estado de derecho abarcando todo desde su mando persiguiendo sus intereses individuales? Eso es abuso del poder. A esta intención corporativa se le sumó ahora el acompañamiento del séquito político perteneciente al circo opositor.



Teniendo en cuenta lo anterior, asumamos este debate con compromiso, no como algo ajeno, sino como algo directamente relacionado con la práctica y nuestra vida cotidiana. A favor tenemos que por suerte el emisor podrá cambiarnos el mensaje, pero NO el hecho real, podrá manejar el mensaje, pero NO la cabeza de la gente.





Denise Muzzio