viernes, 24 de septiembre de 2010

678 Podría desaparecer

Buen slogan, el que, sin ningún reproche, quedaría perfectamente situado en el sector “víctimas” del lado del campo nacional y popular. Pero no; me animo a decir que es potencialmente posible, complejo y hasta interesante llegar a pensar éste viraje sobre el programa con mayor contenido, fundamento, debate y ascenso exponencial en cuanto a la convocatoria del último año y medio en la sociedad Argentina.

Bien lo dicen sus conductores, 678 no aglutinó a la gente, fue por el contrario un espacio representativo donde se encauzó una masa dormida y sedada por el contexto monopolizador, acorde a los parámetros dictatoriales que hicieron posible ésta conjunción del mercado visual y torta publicitaria en muy pocas manos.

La verdad generada y omitida por éstos pocos sectores es la que sitió a la mayoría de las personas que conviven en nuestra república. Se había naturalizado, al igual que el fútbol, ese peaje-verdad donde se sostenía que “lo más democrático es que el que quiera ver que pague”.

Éste tipo de laberintos enceguecedores son los que configuraron una fachada artística al cual uno adhería por inercia. La naturaleza es sabia, al igual que el orden social, dejemos que opere, ella sola va a poner las cosas en su lugar. Nos antecede. No tenemos derecho a cuestionarla, mucho menos a intentar modificarla. Eso es pecado eclesiástico diría Bergoglio (en sintonía con la jugada demoníaca y satánica que promovía en la sociedad la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo). Curioso es a su vez que en su diccionario divino cuyo obsequio bajó de las puertas del cielo no sea pecado las violaciones a menores de edad que él y su sector saben mantener y proteger (caso Grassi entre otros tantos).

El programa que supo mostrarse en el único medio que propone la desnaturalización de lo heredado, propuso a su vez salirse del libreto, mirar las cosas desde otra perspectiva.Reevaluar los conceptos de seguridad, libertad y propiedad.

La locura del pecado no tiene fin. Su incursión en la sociedad es un tumor del que sólo se esquiva a la enfermedad cuando se lo extirpa desde la raíz. La nueva ley de medios audiovisuales de la democracia Argentina fue una invitación a romper con lo ilegítimamente heredado, a impulsar una repartición de exposiciones de opiniones diversas y contrastantes entre sí, a cambiar el paradigma y mostrar a un sector que viene peleando hace rato por éste cambio, pero se encontraba invisibilizado.


Invisibilizado por las reglas del juego donde se enmarcaban las voces que llegan desde el emisor hasta el receptor. Nos habíamos acostumbrado a eso como a tantas otras cosas. La fuerza coactiva de ésa costumbre tuvo como sustento la desaparición de 30.000 personas que estaban por demás dispuestos a hacer otra realidad, a cambiar el paradigma en torno a otra visión de las cosas, a un concepto de igualdad que va más allá de lo escrito luego de la revolución francesa.


En éste marco de la situación que nos convoca y nos hace parte de éste gran aperitivo, éste programa apareció para inquietar a los poseedores del poder real, el económico. Se metió entre ellos como un David proponiendo leves cosquilleos a ése Goliat, consolidado en la masacre más grande de nuestra sociedad. Sin embargo, la utopía se fue construyendo y dando pasos, leves pasos, citando al maestro Galeano. La utopía fue caminando y poco a poco fue generando y encauzando a todas ésas personas que no tenían un medio representativo y se sentían solas, perdiendo su identidad en un aislamiento producto del golpe colateral que genera ése poder y ésa producción unitaria de lo que se debe entender por verdad.


La ley de medios audiovisuales de la democracia está a un sólo paso de hacerse efectiva, es decir, de volverse a apropiar de una herramienta formadora de opinión y diversidad que, décadas antes, fue expropiada del derecho y posesión común de cada habitante argentino.


La nueva ley está a un paso de concretar ésa disputa de poder en donde la convicción de la lucha y voluntad inquebrantable de los sobrevivientes de ésa camada histórica setentista se situó en éste contexto preciso para devolverle a los que ya no están al menos un gesto de justicia, de sed igualitaria, de acortamiento de la brecha social…
Es por esto que, luego tal vez de efectivizarse ésta realidad que nos compete a todos y nos obliga a ser participantes activos por la vuelta hacia el “exceso de pensamiento” que tanto molestó a ése sector cobarde y asesino, tal vez 678 ya no tenga la funcionalidad que el tiempo en éste momento supo darle.


Atención, 678 podría desaparecer…











Leandro Basanta