martes, 28 de diciembre de 2010

Mucha tropa riendo en las calles





Accionando la hermenéutica que nos corresponde como seres partícipes del contexto en el cual nos situamos, desenvolvemos y desarrollamos, es inevitable no gestar un intento leve de reflexión sobre los hechos ocurridos recientemente en nuestro país.
El crecimiento del producto bruto interno que supera el 9% para el año 2010 tiene consonancia en una duplicación del PBI logrado en el período 2003-2010.


El aumento constante y creciente del consumo es un rasgo propio de éste gobierno nacional, sumado a una asignación universal que corta como un flechazo la desigualdad estructural al nacer, logrando incursionar sobre la misma medida un pack de batalla cultural con obligación a la asistencia escolar para recibir el beneficio. Con esto la desigualdad Argentina se remontó 36 años atrás, logrando el índice de desigualdad de 1974.


La clase media por su parte pocas veces tuvo un crecimiento personal como en éstos últimos 7 años. Ni que hablar de los exportadores de materias primas o la colosal muralla indispuesta a coparticipar tan sólo condimentos de su infernal plato principal, como lo es la UIA.


Manteniendo ésta línea, la organización de los trabajadores se solidificó cada vez más, siendo un eslabón con una importancia que por lo menos amerita en la obligación de sentarse en la mesa para plantear ciertos planes futuros.


Pos muerte de Néstor los medios parecieran haber desentrañado a la juventud como un factor en principio difícil de corromper e inclinado fielmente y en gran parte a éste modelo. Bien saben los que no necesitan del abal legítimo de las empresas privadas que el tema de la juventud nació hace ya tiempo con la misma fuerza con la que se llevaban a cabo medidas extraordinarias de disputas de dominios de poder, como es el caso que irrumpe con la 125.


Todo éste viento vigoroso y entusiasta es el que rige una política gubernamental que se enlaza en los principios atípicos de no represión, en reemplazo del diálogo profundo para sacar a flote problemas circunstanciales o estructurales. Éste es un gran punto. Siempre es más fácil una represión que una búsqueda para lograr el bienestar efectivo del ciudadano o persona que desee habitar el suelo argentino. En ésta última hace falta dedicación, esmero, constancia y sobre todo un proyecto político que tenga una finalidad, como lo es la incipiente redistribución de la riqueza en éste gobierno. Pero para eso hay que pelearse. No existe el consenso cuando éste último significa mantener el statu-quo.


La pelea que lleva a una mejor situación social, educacional, hospitalaria y económica de la sociedad es la que enfrenta éste gobierno cuando encamina la disputa por la repartición de las ganancias o el beneficio para los desposeídos y olvidados de siempre.


Ésa disputa trae consigo una modificación en las relaciones laborales y sociales, logrando cambios en la organización y posibilidades de cada persona que desee habitar el suelo liberado por San martín soñando con una patria grande.
Ésta adquisición de derechos a la vez genera una confrontación mayor sobre los intereses que hay en disputa. Mientras más gente piense, mayor masa crítica va a indagar sobre cuáles son en definitiva las razones por las que unas personas tienen bastante más dinero y comodidades que otras.


Parecido a la década del 60 y 70, de donde vienen los pocos sobrevivientes que anhelaban ésa patria grande y hoy están encolumnados en éste proyecto político nacional que se desborda en una imagen militante regional y se propaga con el accionar en bloque y el repudio hacia intentos destituyentes sin aceptación mayoritaria popular.


Éstos intentos profundos de cambio propuestas bajo una regionalización de pensamiento compartido dictada desde la Unasur hace que los sectores reaccionarios que ya han hecho demasiado mal a éstas tierras se pongan de acuerdo para presionar sobre la legitimidad y el deseo de las mayorías.


La xenofobia se viste de gobierno elitista y trae consigo recuerdos bastante delicados como las propuestas que formaron el país en 1880 cuyo principio fundante fue la inmigración anglosajona como regla insustituible para lograr el progreso eurocentrista en desmendro de la aniquilación voraz de los reales poseedores de éstas tierras.


Parece ser que la historia no es tan azarosa, como tampoco lineal, pero deja traslucir una tendencia mayoritaria reflejada en los discursos de Ernesto Guevara haciendo alusión a “la hora de los pueblos sometidos”.


La disputa de saber y de conciencia va a seguir siendo muy dura, pero de algo estamos seguros. La patria grande no es un proyecto de diez personas al mejor estilo 1880, es un deseo llevado en la esencia de toda América latina.






Leandro Basanta